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0 Comments »Felices fiestas. Eso es un principio.
Creo que seguiré más tarde. No estoy muy inspirada para escribir... pero sentí hace un rato que tenía que decir algo... XD
Feliz final de año.
Torció una esquina, y al observar –finalmente- lo que había a su alrededor, no pudo si no apenarse de estar molesto por una tontería y no poder disfrutar de los arbolillos y plantas a la luz de las estrell… ¿dónde estaban las estrellas? ¿Y la luna? Miró al cielo y frunció el ceño. Caminó por la calle, a paso seguro, con una sonrisa irónica y fría en el rostro. Y plac, plac, plac, plac. Cada farola apagada, por cada paso. Mejor. Pero… las luces de Navidad estorbaban. Miró a los alrededores. Nadie. Pasó la mano por el aire, extendida. Y las luces y neones se durmieron. Mejor. Pero… las pantallas del interior de las casas y el restaurante que ya cerraba… tch tch. Demasiada luz. Picó dos veces su talón contra el suelo, aplaudió una sola vez, y dijo:
-Shhh….
Y las teles, las radios, las luces y la gente en sus casas se durmieron.
Eso estaba mucho mejor. Más de su gusto. Sonrió satisfecho. Como por arte de magia, saltó ágilmente la valla que lo separaba de los árboles y las plantas. Era un parque con ruinas muy antiguas. Se preguntó… ¿por qué los humanos tienen tanto miedo a perder su pasado y olvidar? ¿Por qué, a la vez, no lo recuerdan y lo destruyen a su antojo?
Paseó entre las piedras caídas, hacía ya mas de dos mil años. Las plantas, cuidadosamente colocadas y cuidadas por expertos jardineros. Y por fin la encontró.
-Eh, aquí abajo. ¿Hola? ¡¡Eh!! ¿Es que no me ves? Bien. Eso es. ¿Me oyes? Genial. Bueno, ya he llegado. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo...? ¿Cómo que no tienes ningún encargo en especial? Pero-pero-pero-pero… ¿tú sabes lo que me ha costado llegar hasta aquí? No me… Sí… Ajá… ¿Vacaciones? Pero… No… sí, ya… ya… Pero… Buf… Y… ¿Cómo? Ah, dinero. Sí. Vale. ¿Y dónde vivo?... Estupendo. No, tranquila. No te preocupes… ya… ya lo encontraré. ¿Qué? ¿Qué te tienes que ir…? Pero… Sí… de acuerdo. Yo también te quiero. Buenas noches, Luna.
Siguió paseando un rato por el lugar. Ahora estaba más molesto.
-Gñññññññ…. ¡¡AAAAAAAAARGH!! –gritó de repente, mientras empezaba a golpear violentamente una piedra-ruina que no tenía nada en especial.- Siempre, siempre, siempre igual. Pues-ya-estoy-más-que-harto. ¡Vacaciones! ¡Já!
Cuando se dio cuenta de la destroza que estaba provocando, lo arregló lo mejor que pudo. Salió de nuevo a la calle y gritó:
-¡Buenos días, luces!
Y todas las luces que había apagado antes, se encendieron nuevamente. Pero la gente siguió dormida en esa calle en extrañas posturas: sobre el sofá, en la mesa, cenando, delante de los ordenadores… Incluso hubo uno que se quedó dormido en la ducha, con el agua caliente saliendo a chorro. No le gustó mucho la experiencia: ni por la factura de ese mes ni por el resfriado que pilló.
A cada paso que daba temblaban las luces. Tintineaban. Parpadeaban. Tenían miedo. Estaba de mal humor. Se había perdido. Estaba cansado. Tenía hambre. Y sueño.
-Eh, tú. –llamó a un perro callejero que pasaba por ahí.- ¿Sabrías decirme dónde está la calle Portalón?
El perro le miró, torció la cabeza, movió la cola y se puso a ladrar de contento.
-¿De verdad? ¡Estupendo!
Siguió al cánido varias calles, mientras el guía se giraba varias veces para comprobar que estaba ahí. Al llegar a la calle Portalón, descubrió que únicamente había una casa, y que la placa de la calle era sospechosamente nueva. Entró, y el perro le hizo esos ojos que saben hacer tan bien…
-Bueno. ¿Por qué no? Hace mucho que no tengo mascota y pareces bastante listo. ¿Tienes nombre? No, chucho no me vale. Pensaré algo bonito. ¿Tuerca? ¿Tornillo? No… a mi tampoco me gusta. Vaya. Fíjate. Sí que hace frío, ¿eh? Te sale mucho vacho de la boca… pareces un autómata a vapor… Mmm… vapor ¡Ya sé! Te llamaré Steam, vapor en inglés.
Subió las escaleras hasta encontrar una única puerta, en la que había unas llaves en la cerradura. Y dentro… dentro estaba todo lo que necesitaba: sus cosas, objetos extraños que había en ese mundo… Hasta comida de perro, curiosamente.
Comió, bebió, tomó un baño para quitarse el polvo del camino y se durmió en menos de lo que canta un gall…
Y el resto es otra historia.
Gran concierto de Yann Tiersen (mañana, a ver si me pongo a ello), grandes ratos con gente súper especial (osea) y... bueno, estoy contenta! :)
Dos besos, uno a cada mejilla. Hasta luego, hasta la vista.
Y luego, iba caminando los interminables pasillos llenos de gente anónima, de cámaras de vigilancia, de calor, de vapor, olor.
Una corta espera, hasta que el tren llega. Empujones para subir y para bajar. Me dejo caer en el asiento que he escogido. Suspiro. Mi cuerpo se relaja, suelto las bolsas de las manos, coloco mis pies, me pongo cómoda en la butaca del tren.
Se sienta una señora a mi lado, nos sonreímos y nos decimos hola. Será lo último que nos hablemos en todo el trayecto. Posiblemente no nos volvamos a ver en la vida.
Me giro hacia la ventana; es más interesante el “fuera” que el “dentro”. Pero solo veo oscuridad, a ratos mi reflejo, y pienso en cómo me he podido sentir guapa antes llevando un vestido nuevo con la cara que tengo de cansancio. Poco a poco las luces, la oscuridad, el murmullo de gente hablando en el tren, la suave (y no tan suave a veces) cadencia del tren me van relajando. El bolso. ¿Cómo lo cojo? ¿Tal vez así? Es difícil de agarrar. Ah, pero la cremallera es accesible fácilmente. Mejor hacia el otro lado. Eso está mejor.
Y Poco a poco me voy quedando dormida.
Sueño.
Sueño en las últimas horas. Los amigos que he visto hoy. Las risas. La charla trascendental, la charla de pasar el rato y reír. El concierto de anoche. La música. Los otros amigos y conocidos, la gente nueva que me presentaron. Cuando dije adiós a mis padres, cuando saludé el día anterior a mi novio. Las risas con amigos el fin de semana. La película del otro día. El viaje que hicimos. En el coche con amigos. Un té con menta dos tres tés con diferentes amistades. El té de pera y caramelo que tanto me gustó. Las risas la gente las lágrimas los nervios un grito dos las paces los libros las palabras mi perro gente que ya ha pasado de largo en la universidad el instituto el colegio gente que ha presenciado algún momento en mi vida gente que me presentaron un día y no volví a ver gente que me presentaron y que se convirtieron en personas importantes para mi gente gente gente soy niña tengo amiguitos me mudo de casa perro quiero perro quiero perro no quiero tortugas perro un ciervo risas caras amables más risas es hora de dormir.
-…ita, el billete por favor.
-¡Señorita, el billete por favor!
Pego un bote. ¡Qué susto! Estaba tan dormida. Si acabamos de salir de la estación. ¿He recordado haber llegado a la que está a cinco minutos? Creo que sí pero ya no recuerdo nada más o tal vez no habíamos llegado porque no recuerdo la voz automática anunciando la parada. El billete, el billete.
De repente me doy cuenta de que estoy detrás del revisor, que me zarandea. ¿Cómo es posible? Está zarandeándome y yo lo veo desde detrás. Veo como me caigo hacia delante, sin resistencia. El hombre se asusta, la mujer de mi lado se aparta. Me pone los dedos en el cuello. Grita, que se aparten todos. No os acerquéis.
Y mientras yo observo toda la escena, tranquila. Con curiosidad. ¿Así que esto es la muerte? Recordar, como un sueño tu vida hacia atrás y ser despertada en un tren por el revisor.
